Hace poco mas de tres años, en un rezago de la rebeldía adolescente nunca manifestada, descubrí que había heredado su afro desenfrenado. Pero, mas allá de nuestros rizos indefinidos, ella se encargó de darme otros pedacitos de su persona… su risa intempestiva y eterna, la facilidad para sonrojarse, la manía de callarnos los problemas, el malestar que nos producen las peleas… Lo que ella no sabe es que trato de ser mejor persona y trato de parecerme a ella cuando de instinto de sacrificio se trata, ese amor incondicional a su familia, así como el carácter fuerte con el que ella enfrenta los problemas. Creo que nunca sería capaz de decirle todas esas cosas, quizá porque entre todo ese palabrerio, cuando llegue y le de su abrazo, ella lo sabrá al instante. Felíz Día Señora Marina. Pronto estaré en casa.